Restauración de pintura: vuelve a ver tu cuadro como lo pintaron.
Cada vez que pasas delante ves el velo amarillo, el destensado o el repinte — y no el cuadro que te enamoró o que heredaste. Recuperarlo está en tu mano: lo traes al taller de Malasaña, recibes su diagnóstico y decides con un presupuesto cerrado delante. Desde el año 2000.
Y sabrás qué le pasa, qué necesita y cuánto costaría recuperarlo.
Cuéntalo en dos minutos; la primera orientación es inmediata.
Antes de restaurar tu cuadro, identifica qué le está pasando
Reconocerás el síntoma entre estos seis. Cuanto antes actúes, más conservas de lo que tu cuadro vale — y de lo que significa para ti:
Barniz oxidado y amarilleado
Ves tu cuadro oscuro, plano, con un velo marrón. Es el barniz envejecido, y se retira.
Craquelados y levantamientos
Encuentras escamas junto al marco o crestas en la superficie: estás perdiendo materia original.
Desgarros, agujeros y deformaciones
Un golpe o un traslado te dejó el lienzo herido, y cada día que esperas la deformación se fija un poco más.
Repintes y restauraciones antiguas
Sospechas que debajo de esa restauración antigua hay más obra de la que ves.
Pasmados y velados
Notas manchas blanquecinas que apagan el color: es la humedad en el barniz. Se recupera.
Suciedad, humo y polvo graso
Recuerdas el cuadro con más luz de la que hoy tiene: podría ser por décadas de polvo graso y humo.
Restauración de cuadros y pintura en cualquier soporte: también el de tu obra.

Restauración de pintura sobre lienzo
Recuperas tu óleo o acrílico sobre tela — del retrato familiar al gran formato — con su tensión, su soporte y su capa pictórica.

Restauración de pintura sobre tabla
Frenas en tu tabla los movimientos de la madera, los xilófagos y las grietas de panel, con tratamiento estructural y pictórico.

Restauración de pintura sobre cobre y metal
Salvas tu cobre de devoción o de gabinete de la corrosión del soporte y las pérdidas de adherencia.

Restauración de pintura mural
tu pintura mural — fresco, temple u óleo — se trata donde está, sales, humedades y morteros incluidos.
Los tratamientos de restauración de pintura que tu obra puede necesitar.
Tú apruebas cada tratamiento en el diagnóstico, y ninguno se aplica a tu obra de arte sin cata previa. Estos son los habituales:

Limpieza y eliminación de barniz oxidado
Vuelves a ver el color y la profundidad que el velo amarillo te escondía: tras las catas de solubilidad por zonas, el barniz envejecido y la suciedad se retiran de forma gradual y controlada, con disolventes y geles testados — sin tocar la pintura original.

Eliminación de repintes
Descubres cuánto original te estaban tapando: los repintes que desbordan las lagunas o cubren zonas sanas se documentan con luz ultravioleta y se levantan de forma selectiva, retirando solo lo añadido. No es raro que aparezcan una firma, una fecha o una calidad que cambian lo que tienes entre manos — y lo que vale.

Consolidación de la capa pictórica
Dejas de perder obra cada vez que alguien la mueve: las escamas, levantamientos y pulverulencias se fijan con adhesivos reversibles, calor y presión controlados. Cuanto antes vengas, más conservas.

Tratamiento de desgarros, bandas y reentelado
Cuelgas el cuadro sin miedo a que la herida crezca: sutura del desgarro hilo a hilo, bandas de tensión en los bordes debilitados y, solo si el soporte no aguanta, reentelado. Siempre lo menos invasivo.

Estucado y reintegración cromática
Enseñas tu cuadro completo y sin engaños: las lagunas se nivelan con estuco y se reintegran con técnicas discernibles — rigattino, puntillismo o tinta plana — y materiales reversibles, para que siempre sepas qué es original y qué es intervención.

Barnizado y protección final
Te despreocupas del polvo y la oxidación durante años: un barniz estable y reversible protege el color de tu pintura frente a la luz y los cambios de humedad de tu casa, con el acabado — brillo, satinado o mate — que tú eliges.
Restauración de pintura mural in situ
Tratamiento a pie de obra — consolidación de morteros, sales y eflorescencias, limpieza y reintegración — coordinado con tu dirección facultativa cuando hay obra civil.
El valor de tu cuadro también se restaura.
Un cuadro deteriorado se malvende, se asegura con exclusiones y ni entra en subasta: las casas exigen buen estado de conservación para aceptarlo. Restaurado, defiendes su precio con la memoria de intervención como prueba documental de autenticidad, lo cualificas para el préstamo a museos y exposiciones, y los estudios previos — radiografía incluida — pueden revelarte firma, fecha o procedencia que multiplican el valor de tu obra.
El antes y el después de la restauración de pintura: lo que tú también puedes recuperar.
Mismo encuadre, misma luz.


Las preguntas que te haces antes de restaurar tu cuadro.
Depende del tamaño, la técnica y sobre todo del estado: no es lo mismo un barniz oxidado que un desgarro con pérdidas. Del diagnóstico sale un presupuesto cerrado antes de tocar la obra. Solicita el diagnóstico de tu cuadro y tendrás la cifra exacta.
A distancia de contemplación, no. De cerca, la reintegración es discernible . Y con luz ultravioleta, cualquier profesional podrá identificar la intervención.
Recuperas el valor que el deterioro le está restando y lo proteges: la memoria de intervención da confianza a un comprador, a una subasta o a tu seguro, y la reintegración discernible preserva la autenticidad. Y al retirar repintes, no es raro recuperar firma, fecha o calidad.
Si la obra es importante para ti, sí. Un retrato familiar recibe el mismo criterio técnico que una pieza de museo, y el diagnóstico te dirá el coste antes de decidir nada.
El plazo se fija en el presupuesto y depende del tratamiento: los procesos tienen tiempos de secado y asentamiento que no conviene forzar. Mientras dure, puedes visitar tu obra en el taller con cita.
Sí, siempre. El tratamiento se realiza in situ, con los medios auxiliares necesarios y coordinado con la propiedad o la dirección de obra.
Encuentra la restauración de obras de arte que necesitas, especialidad por especialidad.
Deja de convivir con el deterioro.
Envía una foto o tráelo al taller de Malasaña. El deterioro avanza mientras lo piensas; con el diagnóstico en la mano dejas de preocuparte y empiezas a decidir.
Y sabrás qué necesita y cuánto costaría recuperarlo.