Restauración de obras de arte para particulares y coleccionistas
El cuadro de tus abuelos, la figura que se rompió, el mantón del cajón, los papeles de la herencia. Llevas tiempo pensando «algún día lo arreglaré» — y quizá también «¿esto será digno de un restaurador?». Lo es: aquí tu pieza recibe el mismo criterio que las obras de los museos, con un diagnóstico claro y un presupuesto cerrado para que decidas tú. Desde el año 2000.
Y sabrás qué le pasa, qué necesita y cuánto costaría recuperarla.
Cuéntalo con tus palabras; nadie te va a examinar.
Tu pieza no tiene que ser famosa para merecer restauración: tiene que importarte.
Por estas mesas pasan obras del Congreso y de museos — y retratos de familia, vírgenes de mesilla, vajillas de boda y cartas de posguerra. El criterio técnico es el mismo para todas: diagnóstico previo, mínima intervención y materiales reversibles. La diferencia la pones tú: sabes lo que esa pieza significa, y eso basta como motivo.
Las dudas que te impiden restaurar tu obra.
Casi nadie llega a un taller de restauración sabiendo de restauración. Llegan con una pieza querida y seis dudas — casi siempre estas:
«No sé si merece la pena»
No tienes que saberlo tú: el diagnóstico te dice qué le pasa a tu pieza y qué costaría, y con esos datos decides. Preguntar no te compromete a nada.
«Me da miedo el precio»
Por eso aquí no hay sorpresas: apruebas un presupuesto cerrado antes de que nadie toque tu obra, y la cifra que apruebas es la que pagas.
«¿Y si me la estropean?»
Tu pieza queda en manos tituladas en conservación-restauración, con materiales reversibles y el taller abierto para ti: la visitas cuando quieras, con cita.
«No sé ni lo que tengo»
Mejor aún: el examen puede decírtelo. Luz ultravioleta, radiografía y análisis han sacado a la luz firmas, fechas y sorpresas — a veces tu pieza vale más de lo que crees.
«No puedo transportarla»
No hace falta: tu obra se recoge, se embala y se devuelve con los medios que exige — y si no puede moverse, como un mural, el taller va a ella.
«Me da apuro preguntar»
Es la pregunta más habitual del taller, no la excepción. Envía unas fotos por WhatsApp con tus palabras — «se cayó», «está amarillo», «se lo comen los bichos» — y basta.
Restauración de cuadros, muebles, cerámica y más: la pieza que tú guardas tiene su especialista.

Tu cuadro
El retrato heredado, el paisaje del salón, el óleo que compraste: limpieza, desgarros y repintes.

Tu marco o tu espejo dorado
La cornucopia de la abuela y el marco de época, con su pan de oro de verdad.

Tu porcelana o tu mueble
La figura rota en su bolsa, la vajilla de boda, el mueble del trastero.

Tus papeles y libros
Las cartas, los títulos, el libro de familia: el papel que guarda tu historia.

Tu mantón o tu tapiz
El mantón de Manila, la mantilla, el tapiz que cede de sus clavos.

Tu talla o tu imagen
La virgen de la mesilla, el santo de la familia, la talla que preside tu casa.
Restaurar tu obra de arte en tres pasos.
Envías unas fotos
Por WhatsApp o el formulario, con tus palabras. Una toma general, un detalle del daño y las medidas — hecho desde el sofá.
Recibes el diagnóstico
Qué le pasa a tu pieza, por qué y qué necesita, explicado para que lo entiendas. Y la cifra: un presupuesto cerrado.
Decides tú, sin prisa
Si dices sí, tu pieza entra al taller — con recogida si la necesitas — y vuelve contigo restaurada y con su documentación.
Recuperas dos valores a la vez: el que se hereda y el que se tasa.
El primero no tiene precio: volver a ver el cuadro como lo veías de niño, entregar a tus hijos la pieza entera y no su ruina. El segundo sí lo tiene: una obra restaurada y documentada se tasa mejor, se asegura sin exclusiones y se vende defendiendo su precio — y el examen puede revelarte que tienes entre manos más de lo que pensabas. Cada año que adelantes la decisión, pagas menos por conservar más.
Las preguntas que te haces antes de traer tu pieza al taller de restauración.
Si es importante para ti, sí — y es el encargo más frecuente del taller, no la excepción. El diagnóstico te da la cifra y tú decides si ese recuerdo la vale; muchas veces la respuesta te sorprende para bien.
Depende de la pieza y su estado: por eso el proceso empieza con tus fotos y termina con un presupuesto cerrado antes de tocar nada. Solicita el diagnóstico de tu pieza y tendrás el número, no una horquilla.
Sí: recogida, embalaje y devolución con los medios que tu pieza exige. Y si no puede moverse — un mural, un mueble grande, una colección — el equipo va donde está ella.
Claro: el taller de Malasaña se visita con cita, y acompañas la intervención en la fase que quieras. Es tu obra, y aquí nadie lo olvida.
No pasa nada, y no habrás perdido el tiempo: te llevas el diagnóstico — saber qué le pasa a tu pieza, qué no debes hacerle y cuánto costaría recuperarla el día que decidas.
El «algún día lo arreglaré» lleva años retrasando la restauración de tu obra.
Tres fotos con el móvil y dos líneas con tus palabras. El deterioro avanza mientras lo piensas; con el diagnóstico en la mano, decides tú.
Y sabrás qué necesita y cuánto costaría recuperarla.